Su
estado de ánimo parecía una montaña rusa, no entendía ni la mitad de las cosas
que pasaban a su alrededor. No encontraba la explicación a esas preguntas que día
tras día se hacía a sí misma, “¿Por qué a mí?” “¿Tan mala he sido para que todo
acabe así?” “¿Realmente ha sido mi culpa?”. Ella se mortificaba por dentro y se
echaba parte de las culpas, pero en realidad sabía que no la tenía, pero necesitaba alguna explicación
para todo aquello. El tiempo pasaba, ya habían transcurrido varios meses y no
dejaban las cosas en su lugar. Hablaban de ella día si, día no. Ya se había
convertido en un tema de conversación habitual entre sus labios. A ella le daba
igual lo que pensaran, no la conocían y la juzgaban porque querían. Poco a poco
aprendió que no la tenía que importar lo que dijeran esas personas. Y ese mismo
día, el que más enfadada estaba con ellos, se dio cuenta que los de verdad, que
los que si valían la pena, iban a estar siempre ahí al otro lado del teléfono y
a su lado. No importaba cuanto tiempo estuvieran sin verse, ella sabía que todo
seguiría igual siempre. Allí estaba ella sumergida entre sus sabanas y apoyada
en aquella almohada que tantas veces la ha visto llorar, esa que esa misma
noche recogió sus lagrimas de impotencia. El móvil no dejaba de sonar y ella
ignoraba aquel sonido tan familiar, hasta que lo miro. Se sorprendió y su cara
de un momento a otro cambio, surgió una sonrisa. Era el, aquel que tantas veces
había añorado que le hablara, pues lo había hecho. A ella le hacia falta reírse
con el y era la única forma que tenia de hacerlo entre diario e incluso los
fines de semana. Llevaba un iempo sin verle, pero nada absolutamente nada había
cambiado, respiraba con tranquilidad, el mal humor que tenia se le había pasado
de un plumazo. Añoraba esas conversaciones con el, y sin saber como volvieron a
surgir. La encantaba que la llamara “peque” “fea” o cosas similares porque eran
muestras de cariño por su parte. Su estado de animo había cambiado, con sus
“buenas noches” “descansa”, ella se fue con una sonrisa a dormir. Esa noche
ella soño con el, era tan real, estaban tan cerca pero a la vez tan lejos.
Cuanto se levanto, su sonrisa brillaba en su cara y nadie se la iba a quitar.
Porque esa sonrisa no era solo suya sino era de todos los que estaban ahí día
tras día, y por suerte o por desgracia, él fue quien la puso en ella.
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