miércoles, 10 de abril de 2013


Su estado de ánimo parecía una montaña rusa, no entendía ni la mitad de las cosas que pasaban a su alrededor. No encontraba la explicación a esas preguntas que día tras día se hacía a sí misma, “¿Por qué a mí?” “¿Tan mala he sido para que todo acabe así?” “¿Realmente ha sido mi culpa?”. Ella se mortificaba por dentro y se echaba parte de las culpas, pero en realidad  sabía que no la tenía, pero necesitaba alguna explicación para todo aquello. El tiempo pasaba, ya habían transcurrido varios meses y no dejaban las cosas en su lugar. Hablaban de ella día si, día no. Ya se había convertido en un tema de conversación habitual entre sus labios. A ella le daba igual lo que pensaran, no la conocían y la juzgaban porque querían. Poco a poco aprendió que no la tenía que importar lo que dijeran esas personas. Y ese mismo día, el que más enfadada estaba con ellos, se dio cuenta que los de verdad, que los que si valían la pena, iban a estar siempre ahí al otro lado del teléfono y a su lado. No importaba cuanto tiempo estuvieran sin verse, ella sabía que todo seguiría igual siempre. Allí estaba ella sumergida entre sus sabanas y apoyada en aquella almohada que tantas veces la ha visto llorar, esa que esa misma noche recogió sus lagrimas de impotencia. El móvil no dejaba de sonar y ella ignoraba aquel sonido tan familiar, hasta que lo miro. Se sorprendió y su cara de un momento a otro cambio, surgió una sonrisa. Era el, aquel que tantas veces había añorado que le hablara, pues lo había hecho. A ella le hacia falta reírse con el y era la única forma que tenia de hacerlo entre diario e incluso los fines de semana. Llevaba un iempo sin verle, pero nada absolutamente nada había cambiado, respiraba con tranquilidad, el mal humor que tenia se le había pasado de un plumazo. Añoraba esas conversaciones con el, y sin saber como volvieron a surgir. La encantaba que la llamara “peque” “fea” o cosas similares porque eran muestras de cariño por su parte. Su estado de animo había cambiado, con sus “buenas noches” “descansa”, ella se fue con una sonrisa a dormir. Esa noche ella soño con el, era tan real, estaban tan cerca pero a la vez tan lejos. Cuanto se levanto, su sonrisa brillaba en su cara y nadie se la iba a quitar. Porque esa sonrisa no era solo suya sino era de todos los que estaban ahí día tras día, y por suerte o por desgracia, él fue quien la puso en ella.

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