Pasaron
varios días, incluso semanas. Ella ya no era la misma de aquel día, algo en
ella había cambiado o a lo mejor no había sido ella sino las circunstancias de
su alrededor las que habían cambiado su día a día. Gente que jamás creía que
iban a volver hacían intento de ello, y ella ya no sabía cómo reaccionar, no sabía
lo que quería y mucho menos quería volver a pasarlo mal por el mismo motivo.
Algo la decía dentro de sí misma que iba a ser diferente que esta vez no iba a
ser igual, porque dicen que uno se da cuenta tarde de lo que ha perdido y
entonces en ese preciso momento se arrepiente de ello y quiere enmendar lo que
un día no hizo bien. En su cara la sonrisa que tantas veces la vistió, brillaba
por su ausencia. El, fue tantas veces el motivo de esa sonrisa, pero ya no era así.
Eso también había cambiado, pero ella sabía que tarde o temprano las cosas iban
a acabar así, cada uno por su lado. Ya no existían esas conversaciones de horas
y horas con él, ya no existía ese momento al día en el que ella desconectaba
completamente del mundo y conectaba con él. Por su cabeza solo rondaba una
idea, un pensamiento, “es mejor así, el por su lado y yo por el mío, así dejare
de sufrir”, pero por mucho que se negara que ya no le quería, que no quería
saber de él, en el fondo le extrañaba, no era fácil olvidar a alguien que había
significado tanto en su vida en menos de una semana. No todo era malo, algo
bueno asomaba por aquel negro callejón en el que se encontraba sumida. Había
una persona que la hacia reír sin apenas conocerse, pero ella se cohibía y se
echaba para atrás, por miedo a no volver a sentir, eso que tantos quebraderos
de cabeza le había traído en los dos últimos años…