Era
un día nublado, pero a la vez soleado. Podía llover como que el sol entrara por
la ventana, y reflejara en el espejo, en el que tantas veces ella se había
mirado antes de salir a la calle. Estaba dormida, aunque no del todo, los
nervios aquella noche no la dejaron dormir. Antes de que sonara el despertador,
ella ya estaba despierta. Se dirigió a la cocina a desayunar, intento fallido
su estomago estaba totalmente cerrado, los nervios que sentía no la dejaban hacer nada. Conecto el móvil,
varios mensajes aparecieron en la pantalla. Uno era suyo, deseándola suerte
para aquello que era importante en su vida, un logro personal. Ella no se lo
creía, se había acordado. Algo que pocas veces había hecho. Se vistió y se
dispuso a comerse el mundo. Salió por la puerta de su casa, encendió aquel
cigarro en el que sus nervios se iban a calmar, y conecto sus cascos al móvil y
puso aquella canción que tan buenas vibraciones le había traído siempre. Ya era
inevitable, esa situación tenía que pasar y paso. Salió bien, aquel logro
personal que ella añoraba, fue conseguido. Llego a casa con aquella noticia y
la “L” entre sus manos. Sonreía de felicidad y sus ojos brillaban como hacía
tiempo que no lo hacían. Las
felicitaciones empezaron a llover, pero ella solo esperaba una. Inocente de
ella, como pretendía que lo supiera si no había abierto la boca. Decidió contárselo
y su contestación no fue la esperada, fue más de lo que ella misma se esperaba,
la volvió a sorprender. Algo en ella ya no reaccionaba como antes, no era lo
mismo, ni ella era la misma. Con el paso del tiempo ella fue cambiando su
actitud con él y con las demás personas, no iba a dar nada que por nadie que no
diera nada por ella. Y desde ese momento las cosas empezaron a cambiar…
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