sábado, 6 de abril de 2013


Era un día nublado, pero a la vez soleado. Podía llover como que el sol entrara por la ventana, y reflejara en el espejo, en el que tantas veces ella se había mirado antes de salir a la calle. Estaba dormida, aunque no del todo, los nervios aquella noche no la dejaron dormir. Antes de que sonara el despertador, ella ya estaba despierta. Se dirigió a la cocina a desayunar, intento fallido su estomago estaba totalmente cerrado, los nervios que sentía no  la dejaban hacer nada. Conecto el móvil, varios mensajes aparecieron en la pantalla. Uno era suyo, deseándola suerte para aquello que era importante en su vida, un logro personal. Ella no se lo creía, se había acordado. Algo que pocas veces había hecho. Se vistió y se dispuso a comerse el mundo. Salió por la puerta de su casa, encendió aquel cigarro en el que sus nervios se iban a calmar, y conecto sus cascos al móvil y puso aquella canción que tan buenas vibraciones le había traído siempre. Ya era inevitable, esa situación tenía que pasar y paso. Salió bien, aquel logro personal que ella añoraba, fue conseguido. Llego a casa con aquella noticia y la “L” entre sus manos. Sonreía de felicidad y sus ojos brillaban como hacía tiempo que no lo hacían.  Las felicitaciones empezaron a llover, pero ella solo esperaba una. Inocente de ella, como pretendía que lo supiera si no había abierto la boca. Decidió contárselo y su contestación no fue la esperada, fue más de lo que ella misma se esperaba, la volvió a sorprender. Algo en ella ya no reaccionaba como antes, no era lo mismo, ni ella era la misma. Con el paso del tiempo ella fue cambiando su actitud con él y con las demás personas, no iba a dar nada que por nadie que no diera nada por ella. Y desde ese momento las cosas empezaron a cambiar…

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